sábado, 28 de diciembre de 2013

La Jara, senda y besana

Alfonso Yuncar

Antonio Gutierrez
LA JARA

De cualquier mano olvidada,
La Jara,
Memoria herida, dormida,
sueño que se malogró,
secanos que al cielo claman,
impetuosos baldíos,
cerros colgados del vuelo
oscuro de las rapaces,
encinares que tenaces
proclaman su desafío
con arrullos de torcaces,
tristes huertos que agonizan
bajo el reino de las zarzas
y la cantiga encendida
que desgrana el ruiseñor.
Razón frente  a sinrazón
alza su grito el olivo,
terca y sedienta raíz
que trepa
que cabalga
por ásperos caminos
y descarnadas lomas,
promesa generosa
que estremece
con dedos de rocío
cada luna y cada aurora.

De ti nací, tierra labriega,
en ti me miro,
y reconozco en tus veneros
y en tus ríos
la misma sed,
la misma tristeza antigua
que circula por mis venas.
Que vivir es soñar,
sueño de tu sueño sigo
por caminos y cañadas
las huellas de tantas vidas
entregadas.
Que al fin,
polvo trashumante nací
y he de volver a tu besana
a ser sueño
y ser orilla
tendida al mar de los trigos
y las chicharras.




  


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