Existe una Jara vivida desde el terruño, íntima y personal que intentamos reflejar aquí, con miradas a sus arquitecturas, paisajes y paisanajes, costumbres y tradiciones, sin olvidar La Jara actual. Solo nos anima el deseo de defender nuestra cultura rural frente al empuje de lo urbano y a reclamar nuestro derecho al progreso frente a la desidia de la clase política.
Que
hubo un tiempo en que el encinar llegaba hasta las puertas del pueblo es algo consabido. Las progresivas talas
decidieron la conquista del arado sobre
el pastoreo y el encinar llegó a retroceder más allá del cauce
de La Anguilucha.
Testigo
sobreviviente de aquella devastación queda una solitaria encina. Las desavenencias
entre dos familias cuya herencia dividía
la linde donde se hallaba, determinaron
que se librara del hacha.
Recia
y digna parece medir la distancia que la separa del monte oscurecido por sus congéneres, y donde el viento y las torcaces trazan mapas
de intrincados laberintos.
Sin
competencia, sus raíces y ramaje se beneficiaron de los sucesivos laboreos y del
fecundo regalo de las estaciones.
Desde
el prominente lindazo, esta vieja encina
ha sido testigo de la dura brega de sucesivas
generaciones de labradores, pastores y
lavanderas, a cuya sombra se cobijarían alguna vez, gentes con sus cuitas y avatares,
vidas cumplidas al fin en una tierra, donde
su rudeza y hermosura quedan resumidas en una solitaria encina.
Nota: La encina fotografiada se
encuentra en el paraje de “La
Puente” en La
Estrella de La
Jara.
Hoy os traemos un interesante documental del Ministerio de Medio Ambiente sobre encinas y encinares.
Este
territorio ya era conocido por los hispano-romanos-visigodos y musulmanes según
hallazgos arqueológicos. Sus primeros fundadores fueron Diego García de López y
Blas Muñoz en 1522. Fallecidos estos, el señor de Valdepusa funda en 1524 un
caserío y da carta para repoblarlo en 1526 con 20 vecinos de Magán, que
denominaron el lugar como Santa Ana de Bienvenida. Es este el último de los
pueblos fundados en Valdepusa.
Durante
el siglo XII se extendió por Castilla el
culto a Santa Ana, y en 1578 se llamó así al pueblo, por la iglesia levantada
para su culto.
Las
relaciones topográficas de Felipe II de 1578 aportan relevantes datos sobre la
población:
“En
los primeros momentos parece que fueron dos pequeños núcleos El Canchar o
Canchal y otro en torno a la ermita de
Nuestra Señora de Bienvenida. Es aldea de San Martín de Valdepusa. La
administración está en manos de un alcalde ordinario, de un regidor y de un
mayordomo, con una jurisdicción en los pleitos de 100 mrs, cuando exceden de
esa cantidad van a San Martín. Es tierra montosa, áspera, con riscales. “Es
harto de leña” de la Dehesa
de Valdepusa, en donde hay gamos.
Discurre por su término el arroyo Pusa. Carecen sus riveras de huertas y casi
de peces. La aldea es falta de agua. Van a moler al río Tajo. Su término es
estrecho, carece de pastos. A media legua al oeste está la tierra de Talavera,
villa de la que traen las más de las cosas y de Santa Olalla; la sal procede de
Espartinas (es sal gema). Como son pobres no pueden traer tejas para sus
viviendas. La iglesia es pequeña, se ha construido de limosnas de los vecinos”.
LA IGLESIA PARROQUIAL
La
iglesia está construida en una sola nave. La capilla mayor es muy grande, de
cinco lados, que comunica con la nave, más estrecha, con arco triunfal
rebajado. En el piecero está el coro y la torre de planta cuadrada. A ambos
lados de la capilla mayor aparecen dos capillas con arcos de medio punto que
arrancan del suelo, sobre ellos dos ventanas.
Como
acceso a la nave, aparecen dos puertas adinteladas y enfrentadas. Magnifica
artesa con trabajo de lacería cubre la capilla mayor; la nave se cubre con
sencillo artesonado a dos aguas
atirantado. Exterior encalado. Ha sufrido considerables reformas. Capilla
lateral, ventanas, torre y encalado exterior son recientes.
MOLINOS
DE AGUA
En
la actualidad quedan restos de 11 molinos de agua repartidos por todo el
recorrido del río Pusa, algunos de los cuales aparecen en las relaciones de
1578.
Sobre
el río Pusa existe un puente de tres ojos, situándose el mayor al centro.
Aparecen arcos rebajados de ladrillo sobre machones centrales de perfil
semicircular de mampostería. Dos tendeles de ladrillo enmarcan el pretil de
mampostería. Aparece una grieta peligrosa en una de las arcadas laterales, y en
la central se encuentra una placa fechada en 1852.
FIESTA
DE LOS PERROS DE SAN SEBASTIAN.
El
20 de enero, San Sebastian, se celebra la fiesta popular con mayor arraigo
folclórico del municipio junto con la “Quema de Judas”. Tradicionalmente Los perros
de San Sebastian eran representados por los “mozos o quintos”. Los personajes
que representan los quintos son tres: La vaca, los perros y la hilandera. Tanto
los perros como la vaca portan casi el mismo atuendo, con la diferencia de que
la vaca lleva cornamenta. Se visten con pieles de cabra, se tiznan la cara con
carbón y se acompañan con cencerros a la cintura y bota de vino (llenas de
agua) para primero buscar y después mojar a las mozas del lugar con total
permisividad. La hilandera se distingue por su disfraz de mujer maquillada y
arreglada típicamente de época, con una cesta de mimbre colgada del brazo y una
vara con un nabo o una zanahoria en su extremo. La hilandera se introduce en
las casas para hacer travesuras y hacerse con embutidos u otros manjares, que
todo el grupo disfrutará en comilona al final de la jornada.
MUSEO
ETNOLÓGICO “EL CANCHAR”
Este
museo cuenta con dos apartados claramente diferenciados: en el interior se
muestran numerosas fotografías, útiles del campo y del hogar, libros y
documento. En el exterior, junto al edificio, se pueden observar diferentes
objetos y útiles de labor de mayor tamaño para cultivar la tierra.
Nota-
Fuentes de información: “El Señorío de
Valdepusa” de F. Jíménez de Gregorio y Diputación Provincial de Toledo.
Hoy os traemos este vídeo que hemos compuesto a partir de la colección de viejas fotografías que componen un álbum de Santa Ana de Pusa. Acompañamos dichas imágenes con "Seguidillas y Jotas" del Grupo Albacara. Esperamos que os guste.
En el año 2007 el museo etnológico de Belvís de La Jara se
vio notablemente enriquecido con la cesión que de su colección privada hicieron
Rodrigo Manero y su esposa Mª José Arenas, una colección, que a través de los
años, con afición y paciencia, entre
viajes y mercadillos lograron reunir.
Bajo el título “Otro Mundo – Lo que nos une” se
expone el conjunto de características artesanías procedentes de los lugares más
diversos del globo, con especial representación de África y América. Dicha
colección comprende, entre otros
objetos, tallas, máscaras rituales, herramientas y armas tribales, utensilios
domésticos e instrumentos de música.
Además del placer que produce contemplar cada una de las
piezas que se exponen, es destacable también su función didáctica. “Otro Mundo – Lo que nos une” define muy bien el propósito de la muestra.
La aparente distancia temporal o cultural que en principio pareciera separarnos,
queda superada ante la evidencia de que al hombre de cualquier época y
procedencia, siempre le han movido similares sentimientos e interrogantes sobre
su existencia en este planeta. Incluso, como demuestra la exposición, queda
patente la influencia que el mundo primitivo ha ejercido sobre nuestro arte moderno.
- Al final de este reportaje podréis ver el video que sobre dicha exposición hemos montado. La
canción “Diarabi” que acompaña las imágenes
está interpretada por Ami Koita, una magnífica cantante folk de Mali.
Nota: El museo contiene además de la muestra “Otro Mundo – Lo que nos
une” otra interesante exposición sobre artesanías y oficios desaparecidos del
propio pueblo de Belvís, y para visitarlo solo hay que contactar con el
Ayuntamiento.