| Antigua vista de Guadalupe |
Existe una Jara vivida desde el terruño, íntima y personal que intentamos reflejar aquí, con miradas a sus arquitecturas, paisajes y paisanajes, costumbres y tradiciones, sin olvidar La Jara actual. Solo nos anima el deseo de defender nuestra cultura rural frente al empuje de lo urbano y a reclamar nuestro derecho al progreso frente a la desidia de la clase política.
sábado, 11 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
Campillo de La Jara
| Iglesia: portada principal |
baja en forma de vegas y
regadíos.
La
arquitectura tradicional campillana es la típica de la zona, muros de piedra de
pizarra trabados con barro e ingenio y mas raramente de tapial, a menudo
encalados; los tejados, de teja árabe, suelen llevar un alero corrido de
lanchas planas de pizarra que sobresalen largamente de la línea de la fachada,
para permitir que las aguas de lluvias rebosen de los muros y caigan a la
calle. Esta arquitectura humilde está llena de felices hallazgos, de bellos
patios con rincones frescos para el verano y cálidas solanillas para el tiempo
fresco quizás con algún pozo de agua frescas, un par de parras para dar su
buena sombra y un puñado de plantas cuidadas con mimo; y dentro de su similitud
con el resto de la comarca tiene la particularidad destacada de presentar a
menudo grandes muros redondeados en las intersecciones de las calles para mejor
permitir el giro de los carros. Es cierto que todo eso se ha perdido bastante,
tanto por desconocimiento de su propia valía como por la propia humildad
perecedera de los materiales empleados; pero ya van siendo muchas las casas que
se han restaurado con bastante gusto, o que incluso se han levantado de nueva
planta retomando esa sabiduría popular
que no debe echarse en olvido.
Fuente: Cuadernos de la Jara
| |
| Iglesia: detalle portada posterior |
| Iglesia: Retablo |
Patios
Detalle Pozo de un huerto
Arquitectura popular
Arquitectura en ruinas
Casa y olivar
Mas fotos en: Imágenes
domingo, 5 de enero de 2014
Campillo de La Jara: El Olivar
brote del mejor tempero,
abanico que la aurora
abre olivar a olivar.
Bendita luz plateada
que asciende de rama en rama
y entre vuelos de jilgueros
y cantos aceituneros
sábado, 4 de enero de 2014
La Estrella de La Jara: El Olivar
Oda al Aceite por Pablo Neruda
Cerca del rumoroso
Cereal, de las olas
Del viento en las avenas
El olivo
De volumen plateado
Severo en su linaje
En su torcido
Corazón terrestre:
Las Gráciles
Olivas
Pulidas
Por los dedos
Que hicieron
La paloma
Y el caracol
Marino:
Verdes,
Innumerables,
Purísimas
Pezones
De la naturaleza,
Y allí
En
Los secos
Olivares
Donde
Tan solo
Cielo azul con cigarras
Y tierra dura
Existen
Allí
El prodigio
La cápsula
Perfecta
De la oliva
Llenando
Con sus constelaciones el follaje
Más tarde
Las vasijas,
El milagro,
El aceite.
Yo amo
Las patrias del aceite
Los olivares
De Chaeabuco, en Chile
En la mañana
Las plumas de platino
Forestales
Contra las arrugadas
Cordilleras.
En Anacapri, arriba,
Sobre la luz tirrena
La desesperación de los olivos
Y en la mapa de Europa
España
Cesta negra de aceitunas
Espolvoreada por los azahares
Como por una ráfaga marina
Aceite
Recóndita y suprema
Condición de la olla
Pedestal de perdices
Llave celeste de la mayonesa
Suave y sabroso
Sobre las lechugas
Y sobrenatural en el infierno
De los arzobispales pejerreyes
Nuestro coro
Con
Intima
Suavidad poderosa
Cantas:
Eres idioma
Castellano
Hay sílabas de aceite
Hay palabras
Útiles y olorosas
Como tu fragante material.
No solo canta el vino
También canta el aceite
Vive en nosotros con su luz madura
Y entre los bienes de la tierra
Aparto
Aceite,
Tu inagotable paz, tu esencia verde
Tu colmado tesoro que desciende
Desde los manantiales del olivo.
Refranes:
Aceite y aceituna, a veces mucha, otras ninguna.
Agua y luna, tiempo de aceitunas.
Ni gato en palomar, ni cabra en olivar.
Para ser Extra Virgen: del olivo a la prensa y de la prensa a la despensa.
Acertijos: El Aceite
De verde me volví negra y me molieron con tino, hasta que al final del todo, de mi hicieron oro fino.
En verdes ramas nací, en molino me estrujaron, en un pozo me metí, y del pozo me sacaron a la cocina a freír.
Nació dentro de olivares, nació en todo su verdor, gruñe mucho con calor, si se envicia da pesares y mancilla a su señor.
Yo frío, yo tuesto y en la cocina tengo mi puesto.
Yo señor de la cocina soy, y hasta en las ensaladas voy.
Blanco fue mi nacimiento, después de verde vestí, y ahora que estoy de luto hacen aprecio de mí.
De blanco nací, de verde me vestí, de luto me cubrí; para dar luz al mundo mil tormentos padecí.
Blanco fue mi nacimiento, verde fue mi mocedad y ahora me visten de negro para llevarme a enterrar.
Negra por dentro, negra por fuera, es mi corazón negra madera.
Si al fuego estoy y con agua me salpicas yo te diré quien soy con milanesa y papas fritas.
Tengo esférica figura y a veces prolongada, mi amargor la industria cura y cualquier persona honrada me compra, busca y procura.
Verde fue mi nacimiento y de luto me vestí; los palos me atormentaron y oro fino me volví.
jueves, 2 de enero de 2014
Pájaros pintados, pájaros cantados
Parte
los granos de alpiste
el
colorín con su pico,
parte
los granos de alpiste,
así
partes tú mi alma
con las cosas que me dices,
El
colorín con su pico.
***
Que canta en la verde oliva,
ese pajarillo madre
que canta en la verde oliva
anda y dile que se calle
que el corazón me lastima
ese pajarillo madre.
***
A coger colorines,
colorinera,
A coger colorines
a la orilla del mar.
A la orilla del mar,
a la orilla del mar,
a coger colorines
colorinera.
* Fuente:
Poyo Largo-La Estrella.
***
Suspiraba un ruiseñor
En la rama de un ciruelo
suspiraba un ruiseñor
Como se me va la vida
entre canción y canción
En la rama de un ciruelo.
* A.
Yuncar
martes, 31 de diciembre de 2013
La Naranja- Cuento navideño
La Naranja - Cuento Navideño.
(A. Yuncar)
(A. Yuncar)
"No le pidas mucho a los Reyes, que este año
llegarán pobres” me había advertido mi madre el día antes. Mi padre redundaba,
“si este año vienen tan pobres quizá nada te traigan, por que, la nada es tan
barata…Y yo, cabizbajo me interrogaba si tendrían razón y un año más habría de conformarme
con mis juguetes de siempre, el carro construido con una lata, mis zancos de
botes o las canicas de barro cocido.
A
pesar del pesimismo que destilaba su diálogo yo mantenía una cierta ilusión y
esperaba que al fin, aunque poco, algo me trajeran. Desde luego mi
carta ya estaba escrita, y con ella en el
bolsillo esperaba la hora de acostarme para meterla en una de mis botas.
Con
la llegada de la noche y mientras mi madre cocinaba la cena a la lumbre, mi
padre volvía a especular con nuevas premoniciones que conseguían mantenerme en
vilo. Según había escuchado en el parte de la radio, la copiosa nevada que
había cegado los caminos y las señales de La Jara , suponía un serio problema para la orientación de Los
tres Reyes. Mi madre contrarrestaba
compasiva sus malos augurios:
“Yo
creo que podrán llegar hasta el pueblo, por algo son Magos”.
“Magos
son, pero los camellos que montan son simples camellos” volvía a la carga mi padre.
“También su poder alcanzará a lo camellos, Insistía ella”
No sé, no sé…….. movía la cabeza mi padre, con
una socarrona sonrisa que no me podía pasar desapercibida.
Ajeno
a la controversia, mi hermano mayor asaba bellotas y castañas entre las brasas. Cuando la cena estuvo preparada, mi padre
acercó la mesa junto a la chimenea y nos dispusimos a cenar. Más pendiente de
la cita que de otra cosa, despaché en un
santiamén las sopas de tomate con torreznos.
En
tanto mi madre recogía y fregaba los
cacharros, mi padre, con el puchero de agua caliente, llenaba las botellas que
habrían de atenuar el frío de las camas.
Antes
de marcharme a dormir me asomé a la ventana: La luna ufana se revolcaba en la
nieve del tejado y le lanzaba bolas al mastín, que juguetón, la provocaba con
sus ladridos desde el corral.
Una
estrella fugaz cruzó el cielo helado. Abrazado a mi botella, como un náufrago a su madero, me apresuré a emitir el deseo. Y aquel deseo sacudido por la magia estelar, de
inmediato comenzó a realizarse: La nieve helada que hasta entonces había
cubierto la parra y el granado,
comenzaba a desplomarse, los carámbanos del tejado a fundirse y el rumor del arroyo, cada vez se escuchaba con
más fuerza.
- ¡¡ Madre,
madre!! Mira como se deshace la nevada.
-
Me parece que como no te encuentren dormido, los Reyes pasan de largo esta noche.
Cuando
me metí en la cama mi hermano ya se había dormido. Arrimé los pies helados a la botella
y cerré los ojos. Con cierto sigilo mi madre entró y se llevó nuestras botas. Intenté
dormirme, pero justo entonces, comenzaba
sobre el tejado el coloquio de los gatos
en celo. Sus maullidos eran tan
escandalosos que durante un buen rato me mantuvieron despierto y entretenido en
traducir sus felinos requiebros tal y como un día me enseñara la abuela.
-
¿Me lo das Poloniaaaaaaaaa…..? -
Preguntaba cadencioso y lastimero el gato-
- No quiero Mateooooooooo….. - Le respondía llorona la novia -
- ¿Para cuando entonces…?
-
Pa luego, pa luego, pa luego, – cortaba
furiosa la gata-.
Me
dormí tarde y las pesadillas se sucedieron sin pausa: Camellos que se quedaban
atollados en la nieve, los hielos del Charcón que cedían bajo mis pasos descalzos……….
Por
fin escuché cantar al gallo en el corral, a éste le respondió el gallo del
vecino, al del vecino su próximo y así hasta que el último kikiriquiiiiiii del último gallinero del pueblo se topó con la
salida del sol.
Cuando
las caballerías reclamaron su ración de comida a rebuznos y patadas contra la
puerta de la cuadra, escuche levantarse y maldecir a mi padre. Debí volver a
dormirme, por que cuando me di cuenta, a mi lado solo quedaba el hueco frío de
mi hermano. Llamé a voces a mi madre que acudió al instante. Me ayudó a vestir y
antes incluso de darle los buenos días, le lancé la pregunta:
-Madre,
¿vinieron por fin los Reyes?
-
Yo no he encontrado rastro de ellos,
pero… al saloncillo todavía no he entrado.
Antes
de que terminara su respuesta corrí descalzo hacia la sala y empujé la puerta.
Mi hermano, feliz, sujetaba un trozo de caña y tallaba una flauta con la
navajilla que le habían traído aquella noche. En mi bota asomaba un plumier con
lapiceros de colores y una hermosa y brillante naranja. ¿Que más podía desear un niño campesino? Todos los colores del arco iris estaban allí,
y la naranja prometía el dulzor y exhalaba la fragancia de los huertos de Galilea. Feliz y nervioso, la
naranja se me escapó y rodó hasta los pies de mis padres; y fue mi madre,
mientras me calzaba las botas quien me confió:
-
Si te hubieras levantado un poco antes, hubieras podido distinguir las huellas de los camellos sobre la nieve.
Con
la llegada de la noche y mientras mi madre cocinaba la cena a la lumbre, mi
padre volvía a especular con nuevas premoniciones que conseguían mantenerme en
vilo. Según había escuchado en el parte de la radio, la copiosa nevada que
había cegado los caminos y las señales de La Jara , suponía un serio problema para la orientación de Los
tres Reyes. Mi madre contrarrestaba
compasiva sus malos augurios:
“Yo
creo que podrán llegar hasta el pueblo, por algo son Magos”.
“Magos
son, pero los camellos que montan son simples camellos” volvía a la carga mi padre.
“También su poder alcanzará a lo camellos, Insistía ella”
No sé, no sé…….. movía la cabeza mi padre, con
una socarrona sonrisa que no me podía pasar desapercibida.
Ajeno
a la controversia, mi hermano mayor asaba bellotas y castañas entre las brasas. Cuando la cena estuvo preparada, mi padre
acercó la mesa junto a la chimenea y nos dispusimos a cenar. Más pendiente de
la cita que de otra cosa, despaché en un
santiamén las sopas de tomate con torreznos.
En
tanto mi madre recogía y fregaba los
cacharros, mi padre, con el puchero de agua caliente, llenaba las botellas que
habrían de atenuar el frío de las camas.
Antes
de marcharme a dormir me asomé a la ventana: La luna ufana se revolcaba en la
nieve del tejado y le lanzaba bolas al mastín, que juguetón, la provocaba con
sus ladridos desde el corral.
Una
estrella fugaz cruzó el cielo helado. Abrazado a mi botella, como un náufrago a su madero, me apresuré a emitir el deseo. Y aquel deseo sacudido por la magia estelar, de
inmediato comenzó a realizarse: La nieve helada que hasta entonces había
cubierto la parra y el granado,
comenzaba a desplomarse, los carámbanos del tejado a fundirse y el rumor del arroyo, cada vez se escuchaba con
más fuerza.
- ¡¡ Madre,
madre!! Mira como se deshace la nevada.
-
Me parece que como no te encuentren dormido, los Reyes pasan de largo esta noche.
Cuando
me metí en la cama mi hermano ya se había dormido. Arrimé los pies helados a la botella
y cerré los ojos. Con cierto sigilo mi madre entró y se llevó nuestras botas. Intenté
dormirme, pero justo entonces, comenzaba
sobre el tejado el coloquio de los gatos
en celo. Sus maullidos eran tan
escandalosos que durante un buen rato me mantuvieron despierto y entretenido en
traducir sus felinos requiebros tal y como un día me enseñara la abuela.
-
¿Me lo das Poloniaaaaaaaaa…..? -
Preguntaba cadencioso y lastimero el gato-
- No quiero Mateooooooooo….. - Le respondía llorona la novia -
- ¿Para cuando entonces…?
-
Pa luego, pa luego, pa luego, – cortaba
furiosa la gata-.
Me
dormí tarde y las pesadillas se sucedieron sin pausa: Camellos que se quedaban
atollados en la nieve, los hielos del Charcón que cedían bajo mis pasos descalzos……….
Por
fin escuché cantar al gallo en el corral, a éste le respondió el gallo del
vecino, al del vecino su próximo y así hasta que el último kikiriquiiiiiii del último gallinero del pueblo se topó con la
salida del sol.
Cuando
las caballerías reclamaron su ración de comida a rebuznos y patadas contra la
puerta de la cuadra, escuche levantarse y maldecir a mi padre. Debí volver a
dormirme, por que cuando me di cuenta, a mi lado solo quedaba el hueco frío de
mi hermano. Llamé a voces a mi madre que acudió al instante. Me ayudó a vestir y
antes incluso de darle los buenos días, le lancé la pregunta:
-Madre,
¿vinieron por fin los Reyes?
-
Yo no he encontrado rastro de ellos,
pero… al saloncillo todavía no he entrado.
Antes
de que terminara su respuesta corrí descalzo hacia la sala y empujé la puerta.
Mi hermano, feliz, sujetaba un trozo de caña y tallaba una flauta con la
navajilla que le habían traído aquella noche. En mi bota asomaba un plumier con
lapiceros de colores y una hermosa y brillante naranja. ¿Que más podía desear un niño campesino? Todos los colores del arco iris estaban allí,
y la naranja prometía el dulzor y exhalaba la fragancia de los huertos de Galilea. Feliz y nervioso, la
naranja se me escapó y rodó hasta los pies de mis padres; y fue mi madre,
mientras me calzaba las botas quien me confió:
-
Si te hubieras levantado un poco antes, hubieras podido distinguir las huellas de los camellos sobre la nieve.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Las Herencias
| Las Herencias: Costureras años 40 |
LOS VISILLOS
Detrás de una venta,
las mujeres
zurcen la luz, suave y misteriosa;
la tarde
es una pluma de azafrán
aletargada sobre los tejados.
Un niño mira,
a través de los visillos,
la soledad gloriosa de la calle.
La vida gira
afanada y triste,
en el silencio amarillo de la rueca.
Alejandro López de Andrada
Villanueva del Duque (Córdoba)
domingo, 29 de diciembre de 2013
La Nava de Ricomalillo
A LA NAVA
De padre labriego
y madre molinera
nació esta Nava jareña,
que altiva mira y se empina
con vareos de olivares
y quiebros de golondrina
hacia las cumbres cabreras.
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Caminos de la Nava de Ricomalillo
21 de diciembre de 2013
Ventana con alfil mudejar
Fachada antigua
Resto de una portada-aprisco
Pedrera de la Sierra
Espino albar, al fondo: sierras de La Estrella
Olivares
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